Oscuro Testamento de niebla

El poeta es un ángel que atraviesa el corazón con la lengua desenvainada

Elena Gómez de Valle

Iceberg negro (Atrasalante, 2016), libro de poemas galardonado con el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2014 y escrito por Balam Rodrigo Pérez Hernández, es un poema susurrado en sueños al escritor y en el que aborda su angustia espiritual. 

Prolegómenos

                                                El poema atraviesa el corazón y su limo hondo y silencioso.

                                                El poema atraviesa la página y su bosque nevado como un

                                                ejército de pájaros que marcha por un campo abandondo al

                                                invierno y sus fantasmas. Al otro lado del bosque nos espera

                                                el poema –bruñendo en la mano del ángel—con su daga

                                                de luz fría. Bajo la sombra de los árboles, y en medio del

                                                silencio y la tierra escarbada por cuchillos de luz muerta,

                                                alguien que me dicta con sílabas negras este oscuro testamento

                                                de niebla: el poeta es un ángel que atraviesa el corazón con la

                                                lengua desenvainada. (p.9)

Largo poema dividido en ocho secciones: Prolegómenos, Lembranzas, Láticas, Liturgias, Piélagos, Florestas, Nieblas y Teologías, a través de las cuales el autor nos confronta con el desaliento y el desamparo que causa la orfandad existencial de un Dios con el que sólo se establece el monólogo.

El poema cuenta con partes lúdicas, iconoclastas y libres. Nos lleva de la mano hacia la reflexión espiritual profunda acerca del Dios del cristianismo, de su manifestación en actos cotidianos, eróticos, domésticos y en cada acto de la naturaleza. El autor nos acerca a la vida a través del descubrimiento de su presencia.

Iceberg negro -escrito en prosa poética, verso libre y silva- está concebido para leerse de manera diferente. Es un texto impregnado de misticismo que abruma pues despierta la conciencia e induce a pensar. Además, el uso de epígrafes bíblicas y literarias completan y fortalecen el poema.

Balam Rodrigo, al igual que un jaguar, nos adentra de manera sigilosa en lo oscuro del iceberg para luego surgir de nuevo a la luz y observar la blancura y la pureza del hielo. Trata el tema de la fragilidad humana desde lo más hondo hasta lo superficial. Habla de lo efímero a través del uso de metáforas en las que el hielo, la luz, la oscuridad y la blancura juegan un papel central. En palabras del poeta: Ardido en la blancura de la nieve, yace mi corazón envenenado por el frío. Del yelo y su cristal con que nos muerde ha sido herida esta palabra, trono de sombra entre relámpagos de alcohol.

La línea conductora del poema contiene ideas concretas y claras de vigor creativo, lo que coloca a este texto como una obra sólida, coherente y de una calidad incuestionable. La riqueza del idioma y la forma en que el autor maneja la retórica nos conduce a la introspección personal y al cuestionamiento crítico y filosófico de los paradigmas establecidos. La poesía de Balam Rodrigo Pérez es un organismo que respira e induce al lector a un proceso cognitivo de lenguaje profundo: El cielo —morado y desazul, de yodo casi— anclado al ojo por impar docena de pájaros, de icebergs.

En Iceberg negro, Balam Rodrigo se aleja de la urbanidad y nos conduce a nuestra esencia para explorarla. Con su estilo definido y maduro de escritura, la voz de Rodrigo hace uso de manera extraordinaria del lenguaje para seducirnos con conceptos complejos. Nos crea una relación simbiótica con sus palabras. Nos vemos reflejados.

En el poema, se filtra el bagaje de conocimientos bioéticos, biológicos y teológicos de Jaguar Rodrigo. No está de más mencionar que Iceberg negro surge justo cuando el poeta decide abandonar la carrera pastoral como ministro evangélico y la científica como biólogo. Es por ello que, en este libro, se percibe cierta tensión metafórica y de lenguaje.

De una sensibilidad y belleza profunda, sus versos se vuelven entrañables. Provocan vuelcos en la memoria de los cuales es difícil sobreponerse. Sus poemas nos hacen recordar quiénes somos y aceptar lo que somos en lo más profundo. Nos devuelven nuestra humanidad.

Estamos ante un poema cuyo lenguaje ha sido trabajado hasta la extenuación. Y en el que la palabra se privilegia.

En definitiva, quien lee Iceberg negro no vuelve a ser el mismo.

Balam Rodrigo

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