Máscaras

Por Yolanda   Natera de la Peña

Está en la terraza. Dice que ahí se aísla de la casa.  Su computadora y celular frente a ella, y se mete ahí, se relaja.  Con su cigarro y café. A mediodía o en la tarde, con sus copas de tequila. Veo que le cambia la cara y sonríe.  De seguro está dentro del feis.  Desde una ventana de la cocina diviso la terraza, mientras sigo haciendo la comida. Le ayudo durante unas horas. Ella está subiendo a feis sus fotos bonitas y alegres. Y viendo las de otras amigas y escribiéndoles flores. Yo, de curiosa, a veces entro a ver lo de ella en feis. Poco le entro a eso, me siento hormiga de ver a la gente de las fotos, feliz como en anuncios de comida sabrosa, y yo a tortilla dura. 

La conozco desde hace tiempo. Perla iba a comprar a la frutería donde yo trabajaba y, cuando me quedé sin chamba, me ocupó para venir algunas horas, para ayudarle en la cocina.  Ella regresa de su negocio de venta de casas y terrenos, directo a la terraza, a cigarro y café o tequila, según la hora, a meterse en la pantalla. Perla no tiene horario de trabajo, dice que también trabaja en la compu.  Pero le cambia la cara cuando se mete al feis. Fotos de ella con el marido y los hijos, muy sonrientes, la familia feliz. El hijo es un hombretón de barba larga, ya casi alcanza los 30 años, guapetón, a Perla le gusta presumirlo, sube fotos. La hija, fotos con su pelo largo y brillante, estudia en la universidad, es amable, tranquila. El marido sonríe en las fotos y pasa su brazo protector sobre los hombros de Perla. 

A veces entro a feis. Veo las fotos de Perla, una retahíla, el árbol recargado de Navidad, la  mesa muy curra y lista para una comida de cumpleaños, el pastel que hizo su chamaca. Para el día del niño, dos fotos de su hija e hijo, abrazados y sonriendo, una de ahora y otra de cuando eran chiquitos. Perla y su hija muy maquilladas, abrazadas, maquillaje a kilos, les pone años encima. Comida de domingo con la cuñada, todos con sonrisa de digan chis. Ella con su marido en una boda y en una pachanga de cumpleaños, como un matrimonio retacado de alegría. Un platón con camarones al coco, que yo cociné.  La veo en la terraza, y sé que está subiendo las fotos de su celular. En el feis abundan amigas que le admiran las fotos. Le cambia la cara, le regocija el día, dando traguitos de tequila, entre humo de cigarro.

Aunque en esa casa, los días no tienen risas, averiguan mucho, con coraje. Perla carga con un costal pesado en la espalda, pero no le gusta platicarlo, lo aliviana echando humo. Ella hace pagos de todo, sale a las compras, va y viene, anda como trompo, en la mañana. Ya a mediodía y de tarde se relaja en el feis, en la terraza, con el tequila. El marido abre negocitos y quiebra, casi siempre está desempleado, hace chistes y bromas idiotas o grita encabronado, dicen que está enfermo de los nervios, tiene un genio del infierno, entre explosivo y quieto, en un berrinche se ha largado de la casa por días.  El hijo, se pasa muchas horas encerrado en su cuarto, que no le gusta la carrera que estudió, que en los trabajos pagan muy poco, y se pone a dibujar, por horas. Perla quisiera que se fuera de la casa a ganarse la vida, o que cooperara con el gasto, ya es un verdolagón. Todo se le carga a ella, no la ayudan. Padre e hijo alegan mucho, hasta pelearse a gritos. Y Perla come mucho, es su gusto diario, está muy gordis, tiene mucha panza y cintura de sandía, pero su cara es delgada y sale guapa en las fotos. La más dulce es la muchacha, tiene voz como de niña, y va a sus prácticas de servicio social, pues pronto se graduará, una vez me dijo que se quería ir de esa casa, pero le da miedo que le entre la crisis de asma, lejos de su mamá. 

Perla está harta porque no le ayudan, ella paga todo, con las casas que vende.  Y le busca qué más comerciar, si alguien pone en venta algo, que la busquen a ella de vendedora. Es movida. Pero no le gusta que alguien sepa que dentro de su casa hay broncas. Vienen amistades, hablan y se carcajean, puro relajo. A Perla no le gusta platicar los problemas. A veces anda explotando atrás de las puertas. Y en feis siempre con su sonrisa de anuncio de pasta de dientes, que se reunió acá y allá, que tiene una familia hermosa, que los hijos le regalaron flores el día de la madre, que hizo salmón para comer. Fotos y fotos.

            Facebook es libro de caras, lo vi en el diccionario de inglés en la escuela de mi hijo. Tantas caras aparecen ahí, que acabo mareada. Caras sonrientes, pachangas, viajes y familias de oropel. Y yo tan jodida. Por ahí dicen que “caras vemos, corazones no sabemos”.  La cara es una máscara, la quitas, y atrás puede haber rabia, lágrimas. Aunque como dice Perla, hay que mostrar los ratos bonitos de la vida.

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