‘Hay varios Alfonsos Reyes’: José Javier Villarreal

Sylvia Georgina
Sylvia Georgina


Sylvia Georgina Estrada (Monterrey, Nuevo León) es periodista cultural y editora. Es autora de los libros La casa abierta, conversaciones con 25 poetasEl Libro del Adiós y Pinacoteca del Ateneo Fuente, 100 años.
Su trabajo se ha publicado en periódicos y revistas de circulación nacional, así como en antologías de poesía, cuento y periodismo cultural. 
Entre sus reconocimientos destacan el Premio Nacional de Cuento “Relato a mi hijo” y el Premio de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre”, que ha recibido en catorce ocasiones. En 2014 fue reconocida con el Premio de Trayectoria Cultural que otorga la Universidad Autónoma de Coahuila y en 2020 con la presea Mérito al Periodismo Cultural “Roberto Orozco Melo”.
Es coordinadora del “Seminario Amparán: un proyecto de coworking entre colectivos literarios mexicanos”, apoyado por el FONCA.

Alfonso Reyes es una figura constante en la vida del escritor José Javier Villarreal (Tecate, Baja California, 1959). Su influencia se puede rastrear no sólo en las lecturas del autor de Campo Alaska, también en su vida, pues ahora dirige la Capilla Alfonsina de la Universidad Autónoma de Nuevo León, un puesto que también desempeñó, hasta su muerte, su esposa Minerva Margarita Villarreal.

En su reciente libro Los secretos engarces (Textofilia/UANL, 2021), Villarreal recurre a ese ir y venir entre el ensayo y la memoria, entre la poesía y la traducción, para dar forma a una serie de textos que fue escribiendo a lo largo de una década. Un trabajo que se presenta en el Festival Alfonsino y que privilegia el formato híbrido para contar las coincidencias literarias e intelectuales que Villarreal tiene no sólo con Alfonso Reyes, también con otros autores.

¿Cómo fue el proceso de armado Los secretos engarces? Es una serie de ensayos, pero también hay poesía, traducción, autobiografía.

“Los textos del libro comenzaron a escribirse en 2010. Era una serie de ensayos que se iban acompañando de libros de poemas que se fueron haciendo al mismo tiempo, pero que no pertenecían a los ensayos. También hay traducciones y reflexiones que se fueron dando en todo este tiempo. Los ensayos se fueron escribiendo de manera individual, uno se escribió sobre la riqueza de la poesía, otro sobre la tradición de las poesías hispanoamericanas, unos más sobre Sergio Pitol, Ramón López Velarde, etcétera.

“Me fui dando cuenta, a lo largo de los años, de que había conectores entre ciertas fechas, lecturas, ciudades que se repetían. Luego los ensayos se fueron contaminando con traducciones. Es decir, yo hacía una cita de un poema de Pound o de Bandeira, que eran traducciones mías, y las metí ahí y le fueron dando una fisonomía. Después empecé a intercalar poemas inéditos, no son tomados de otros libros, son poemas que fueron creando cierta zona de textos memorísticos que se iban engarzando a los ensayos. Figuras literarias, sobre todo autores de finales del XIX, que me iban sirviendo como caparazones, como si la voz fuera un cangrejo ermitaño que buscara un refugio, pero a partir de ese cobijo hablara.

En cuanto a la parte autobiográfica y literaria, parece que hay muchas coincidencias en Los secretos engarces.

“Cuando Alfonso Reyes sale de Brasil empiezan a construir la presa Abelardo L. Rodríguez en Baja California, cerca de Tecate, y cuando regresa a México ya la han terminado. Hay un poema de Manuel Bandeira que yo traduje y, en lugar de poner la Laguna Rodrigo de Freitas, pongo la presa Abelardo L. Rodríguez. En 1957 Alfonso Reyes cree que se va a morir y escribe Cuando creí morir, pero quien fallece en ese año es Diego Rivera, Carlos Pellicer le manda una carta a Reyes, se celebran los cien años de Las Flores del Mal, Minerva nace y yo, dos años después, voy a nacer y me voy a casar con ella veintitantos años después.

“Cuando Reyes se estaba muriendo en diciembre de 1959, Carson McCullers estaba publicando un ensayo en la revista Esquire donde hablaba de la prosa de la ficción, a la escritora le van a amputar la pierna y se va a un rancho de John Houston donde la pasa bien, pero ya está muy próxima la fecha de su operación y ve a los caballos y muere días antes de la amputación. Y mi padre muere años después de su amputación y también le gustaba ver los caballos en las caballerizas. Se van armando muchos recovecos.

“En otro ensayo aparece la figura de Rubén Darío, que se queda sin dinero en Veracruz y consigue un poco de dinero para irse a Cuba, luego Bernardo Reyes le manda una buena cantidad de dinero para que regrese a Europa y, muchos años después, Neruda está amparado en Asia y quiere salir y Alfonso Reyes lo apoya. También escribo sobre la ida de Pellicer a Nueva York y cuando llegó Tablada de Japón en 1900 y de ahí se va a San Francisco y luego a Ciudad de México. Son muchas relaciones que se van estableciendo”.

Alfonso Reyes

¿Cómo pasas de esta curiosidad literaria e intelectual a la escritura de un texto? Este libro me recuerdo a Un cielo muy azul con pocas nubes, editado por Atrasalente en 2020, donde también armas una suerte de rompecabezas en donde la memoria tiene un papel muy importante.

“Tienen mucho en común, de hecho, te diría que Un cielo muy azul con pocas nubes, que se escribe de 2017 al 2019, está dentro del periodo de este otro libro que es mucho mayor. Por ejemplo, el álbum familiar que aparece en Un cielo muy azul…, en Engarces es protagónico. Es decir, yo estoy hablando de La suave patria, de que en 1821 Reyes está en el exilio y al mismo tiempo Álvaro Obregón está pagando el entierro de López Velarde, está declamando versos de La suave patria y, en ese mismo año, mis abuelos están de fiesta en Villahermosa, Tabasco, y hay fotografías de eso que yo encuentro. Me doy cuenta de que los libros llegaban a casa de mis padres por vía de mi abuelo materno, que era del ejército de Venustiano Carranza, al que también perteneció el padre de Carlos Pellicer. O que Alfonso Reyes tenía una cama en su biblioteca, que Pellicer también tenía una cama en su biblioteca al igual que Francisco de Quevedo y yo tengo un futón en la mía.

“Son juegos que voy estableciendo, donde entra una biografía, por ejemplo, de cuando fui a Jerez por primera vez, con quién fui, cómo comencé a leer a López Velarde, que me gané un premio; qué libros eran los que leí de Darío, quien influyó en López Velarde; que tiempo después leí a Olga Orozco, que me dio una pauta para entender el mundo de López Velarde, de lo que significa la provincia; aparece el norte y Saltillo. Hay un personaje que va a lo largo del libro que es Rilke, aparece varias veces.

“Hay un momento en que estoy leyendo Cartas del verano de 1926, en traducción de Selma Ancira, y que estoy por terminarlo y me voy al Rancho El Morillo (en Saltillo) porque ahí es más frío y es lo más cercano a la cabaña de Wordsworth donde muere Rilke. Me voy con Jimena y con Santiago y luego me alcanza Minerva y Pablo, es otoño, pero hace fresco frente a Monterrey y que ese año de 1926 muere Rilke y un año después muere Carlota. Hablo de la relación de Benito Juárez con el norte, con Monterrey y Santiago Vidaurri, de cuando el gabinete de Benito Juárez emite un edicto donde aparece la colonia agrícola de Tecate, al mismo tiempo que Ignacio Mariscal, representante de Juárez en Washington, hace la versión de El Cuervo de Poe. Es un revoltijo (risas)”.

Entre las figuras que han marcado tu vida, está Alfonso Reyes. Ahora eres director de la capilla Alfonsina en Monterrey, el regiomontano es referencia en tu propia obra literaria ¿qué significa para ti el personaje y la obra de Reyes?

“Los últimos tres apartados del libro, que tienen tono de ensayo, pero de pronto tienen prosa de ficción, memorias y poemas, es Alfonso Reyes. Tan es así, que el último Reyes ha terminado su traducción del Aquiles agraviado, está en Cuernavaca, y se espejea el Hotel Marik de Cuernavaca donde está Reyes con el hotel Baruk de Zacatecas, que todavía existe y donde yo me hospedé con Minerva. Y al final Alfonso Reyes cumple 62 años, el autor del libro cumple 62 años también y lo que se oye es el tren atrás del hotel de Zacatecas, el tren de López Velarde.

“Hay un espejearme, al menos la voz que va narrando, contando y cantando y traduciendo al final se funde con Alfonso Reyes. Es Reyes el que está en Cuernavaca, pero también en Zacatecas y terminan su traducción, pero ya no son los versos alejandrinos si no endecasílabos y está hablando de él.

“Reyes es muy importante para mí. Desde que comienzo la relación con Pellicer hasta la estancia en Argentina y Brasil, hasta la vuelta del Reyes enfermo, cansado, que está por cumplir los 62 años”.

¿Cuáles son las conexiones que un lector joven puede encontrar ahora con Alfonso Reyes? Lo digo a propósito del Festival Alfonsino que organiza la Universidad Autónoma de Nuevo León y que busca mostrar distintos registros del escritor regiomontano.

“Por fortuna hay varios Alfonsos Reyes. Está ese Alfonso Reyes institucional, serio, muy contenido, que es una realidad, pero también hay otro: el de Calendario, Cartones de Madrid, Los caballos, Golfo de México y el de los poemas que escribe en Brasil, que es muy apasionado. Está también el muy jovencito y el extranjero”.

“Cada vez estoy más claro de que Reyes es un escritor muy particular en la literatura mexicana, en el sentido de que él se forma fuera del país y eso es rarísimo. No es común que los escritores mexicanos se formen fuera, se van después, pero digamos la tertulia primera, los maestros, los ejemplos, son nacionales.

“Reyes tiene que salir del país y está diez años en España, pero no en una caja de cristal, está viviendo, escribiendo, ganándose el pan, exponiéndose, buscando dónde publicar, quedando bien con el medio literario madrileño. Obviamente que eso lo forma, al grado de que hay dos pasos: uno es de Enrique González Martínez, en sorna le dice ‘Alfonso, se anda diciendo por ahí que tú escribes como español’; el otro es cuando a mí me dice Emmanuel Carballo ‘Alfonso Reyes no tiene títulos, tiene un mar’, o sea las obras completas”.

“Cuando Borges, que tenía 27 años, descubre a Reyes, pues no tenía obras completas. ¿Qué leyó Borges de Reyes? Leyó Calendario. Luego hay otra cuestión muy interesante, Reyes edita el tercer libro de poesía de Borges y el argentino le regala sus dos primeros libros y ahí en esos meses en Buenos Aires del 30, antes de irse a Madrid, escribe la Oración del 9 de Febrero. Creo que ese escritor joven de Ifigenia, Visión de Anáhuac y La cena, es muy extraño en la literatura mexicana. En la literatura mexicana, grosso modo, nos gustan los géneros muy definidos: si es prosa, es novela, si es novela, es ensayo, es ensayo, es cuento, si es cuento son memorias, pero no mezcles porque se ve con sospecha. Reyes venía de otra vanguardia”.

“Una de las mejores antologías de la poesía de Reyes la hace un extranjero, Gerardo Deniz, no porque Deniz haya nacido en España, no va por ahí, si no porque la poética de Deniz es extraña en la poesía mexicana porque es una poesía particular, igual que la de Reyes”.

“La poesía de Reyes tiene muchas conexiones con la poesía brasileña o la norteamericana, incluso en cuanto a los poemas de ocasión, muy de conversación, a la comida, a la sobremesa. Y como que la tradición hispanoamericana es más solemne. Esa primera parte de la obra de Reyes es de un jovencito que hoy pudiera tener la beca de Jóvenes Creadores, no tenía ni 35 años cuando escribe cinco o seis de esos libros, es impresionante”.

Revisa la programación completa del Festival Alfonsino en http://cultura.uanl.mx/festival-alfonsino-2021/

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